En los últimos años, el mundo del adiestramiento canino ha experimentado una corriente muy fuerte hacia la educación en positivo, un enfoque que busca priorizar el bienestar animal y la convivencia armoniosa en el hogar. Sin embargo, en la práctica, esta tendencia a veces cruza la línea hacia una permisividad absoluta, llegando incluso a satanizar palabras tan cotidianas y necesarias como el «NO». Entrenadores muy conocidos a nivel mediático sugieren evitar esta palabra porque argumentan que conlleva una carga emocional negativa que puede dañar la relación con el perro o incluso causarle un trauma. En su lugar, proponen usar ruidos neutros o variaciones más suaves como decirle «no señor» o «no señorita» en un tono diferente para reconducir la conducta sin generar impacto negativo.

Frente a esta postura, figuras de élite mundial del adiestramiento canino y modificación de conducta, como el campeón Iván Balabanov, cuestionan severamente la lógica detrás de evitar el «NO». Balabanov señala que camuflar el límite con otra palabra o sonido diferente sigue siendo, en esencia, aplicar una corrección para detener el mal comportamiento. Existe un grave malentendido en las escuelas de adiestramiento en positivo que asocia automáticamente la palabra «corrección» con el maltrato físico o la violencia desmedida hacia el perro. En realidad, realizar una corrección puede ser tan simple como ajustar la postura incorrecta del perro al sentarse. Establecer límites claros no rompe el vínculo con el animal ni le causa traumas; al contrario, la falta absoluta de estructura y de pautas claras genera perros inseguros, ansiosos, hiperactivos, demandantes y con una bajísima tolerancia a la frustración.

Los peligros de la permisividad extrema en la adolescencia canina

El adiestramiento puramente en positivo funciona muy bien como un «jardín de infantes» para los cachorros pequeños. En esa etapa temprana, de los 2 a los 5 meses, es fantástico guiarles casi exclusivamente con comida, caricias y premios. El verdadero problema surge cuando ese cachorro crece, entra en la adolescencia (alrededor de los 6 meses, lo que popularmente se conoce como la «edad del burro») y comienza a descubrir su propia fuerza y agilidad.

Si el perro ha crecido bajo una permisividad absoluta donde nunca se le ha enseñado un «NO» rotundo, empezará a probar los límites de la jerarquía familiar en el hogar. Un perro adolescente sin pautas claras comenzará a morder objetos peligrosos, a marcar territorio orinándose por toda la casa, a ignorar las llamadas de sus dueños, e incluso a gruñirles o retarles. Cuando la permisividad continúa en esta fase, las travesuras de cachorro se transforman en conductas sumamente problemáticas y peligrosas. No poner límites claros a tiempo puede hacer que el perro crezca como un «delincuente», con mordidas graves que destruyen por completo la convivencia familiar.

El valor de un «NO» claro para salvar vidas

En el mundo real, los límites y las correcciones no son una cuestión de autoritarismo o castigo ciego, sino de seguridad y supervivencia para el propio animal. Existen situaciones extremas en las que la teoría romántica del adiestramiento puramente permisivo se cae a pedazos. Por ejemplo, en perros con problemas de pica que se tragan de forma compulsiva objetos del hogar como calcetines o medias.

Si se intenta resolver un comportamiento tan compulsivo y autogratificante ofreciendo únicamente premios o comida, la probabilidad de éxito es casi nula porque el perro prefiere el estímulo de tragarse el objeto antes que el premio. Tragar estos objetos provoca obstrucciones intestinales severas que ponen al perro al borde de la muerte, requiriendo cirugías dolorosas y costosas en repetidas ocasiones. En estos escenarios críticos, enseñarle al perro un «NO» rotundo y firme mediante herramientas de corrección (como el collar electrónico o el collar de adiestramiento) asocia una experiencia incómoda con el objeto prohibido. Esto corta la conducta de raíz y, en última instancia, le salva la vida de manera inmediata.

¿Cómo funcionan realmente las herramientas de adiestramiento?

Es vital desmitificar el uso de herramientas de entrenamiento. Dispositivos como el collar de adiestramiento (comúnmente mal llamado «collar de ahogo») no buscan asfixiar o maltratar al perro, sino establecer un canal de comunicación claro. El collar debe permanecer abierto y holgado en el cuello del perro. El momento en que el perro intenta abalanzarse sobre otro animal o cometer una falta grave, el guía debe aplicar estímulos cortos y precisos con la correa («tac, tac, tac») para enviar una señal directa al cerebro del perro.

La clave de este proceso reside en la sincronía y la redirección: en el milisegundo exacto en que el perro recibe el estímulo, interrumpe su conducta indebida y regresa la mirada a su guía, se le debe premiar de inmediato con gran entusiasmo. Esto engrana en el cerebro canino la diferencia exacta entre lo que está mal y lo que está bien. Ninguna herramienta de entrenamiento es mágica ni intrínsecamente mala; su impacto y beneficio dependen exclusivamente de la disciplina, el control emocional y la técnica del guía humano que las utiliza.

El compromiso del guía humano en el adiestramiento

El adiestramiento canino no se basa en trucos de magia ni en recetas rápidas; requiere el compromiso activo, la disciplina y la coherencia del guía humano. Los perros son animales sumamente sensibles y perceptivos que leen de inmediato el estado emocional de sus dueños. Si el guía intenta resolver el miedo o la reactividad de su perro sintiendo pena, frustración o ansiedad, lo único que logrará será empeorar drásticamente la situación del animal.

La verdadera libertad de un perro nace del adiestramiento y de la estructura. Cuando a un perro se le enseña a respetar espacios en casa, a usar correctamente su transportadora o «kennel» como su dormitorio seguro, y a obedecer comandos de control cruciales como el «quédate», se reduce drásticamente su ansiedad. Un perro equilibrado que comprende y respeta las reglas familiares goza de muchísima más libertad para pasear por el mundo real en paz y disfrutar plenamente junto a su familia.