El comportamiento del perro, un animal que actúa en manada, es dictado por reglas jerárquicas propias de la familia de los cánidos. Conocer y entender estas reglas es fundamental para conseguir educar nuestra mascota.

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El perro caza, defiende su territorio, se reproduce y se alimenta manifestando en cada ocasión comportamientos típicos de su especie. Estos comportamientos son orientados y canalizados por la selección y la educación. Vamos a revisar los primeros temas relacionados con todo esto.

El instinto de caza

Es más o menos desarrollado, dependiendo de las razas y del modo de vida del animal. El perro que caza solo hace uso de su olfato, de su visón y, a veces, de su audición para detectar pequeñas presas, lo manifiesta ladrando o tratando de desterrar algo del suelo. Si la presa huye, el perro la persigue e intenta atraparla en plena carrera. Si lo consigue, la sujeta firmemente en su hocico y empieza a sacudirla en todas las direcciones, hasta que muera o parezca estar muerta.

Los perros en manada son capaces de atacar grandes presas que persiguen durante horas. Los ladridos sirven para que el grupo pueda identificar de qué tipo de presa se trata y de sus desplazamientos. Cuando esta es alcanzada, los que dominan la manada (machos y hembras) ejecutan la presa.

Estos comportamientos han sido canalizados y ampliamente aprovechados por el hombre, que ha usado y sigue usando el perro para diferentes tipos de caza.

La defensa del territorio

Las jaurías de perros salvajes viven sobre un territorio relativamente poco extendido que comprende una zona central, donde se localizan los dominantes, machos y hembra, y sus cachorros. Este territorio compartido le permite a la manada protegerse mejor de sus enemigos, desarrollar vínculos sociales y criar a los más jóvenes.

El perro doméstico ha conservado intacto esta noción de territorio y la aplica en la casa de sus amos. Es la razón por la cual la cuida y la defiende de forma natural.

El perro marca su territorio depositando chorritos de orina y dejando excrementos en lugares visibles. También puede hacerlo ladrando o aullando.

El comportamiento de marcaje del territorio comienza en la pubertad en los machos y un poco más tarde en las hembras. Desde ese momento el perro puede desarrollar una agresividad territorial para defender la zona que ha delimitado y donde no tolera individuos extranjeros a la manada. Para ello orina las paredes de nuestra casa, la cerca del jardín y los postes aledaños.

Es algo bastante común el hecho de que un invitado que entra con su carro hasta nuestro jardín o patio, donde se encuentra el perro, termina con sus llantas orinadas.

El comportamiento alimenticio

Para los perros que viven en manada, el hecho de alimentarse obedece a todo un ritual, revelador del rango de cada individuo. Los machos dominantes son los que comen primero, seguidos por las hembras dominantes. Los demás individuos, incluyendo los cachorros, comparten los restos. El momento de la comida es así la ocasión de reforzar la jerarquía que impera en la manada.

Esta jerarquía puede observarse cuando varios perros viven bajo el mismo techo: los dominantes comen primero, lentamente, mientras los dominados esperan su turno, hasta que el o los dominantes quieran dejarles la vía libre.

Si un perro muestra los dientes o gruñe cuando su amo se aproxima a su comida, significa que se considera como el patrón y que su amo ha fracasado en su intento de ser el jefe de la manda.

En el próximo artículo veremos otros puntos importantes del comportamiento y de los instintos del perro: el comportamiento sexual, el comportamiento maternal y el lenguaje corporal.

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